La educación en valores puede contemplarse desde la perspectiva social, humanista, educativa y familiar. De hecho, es en el hogar y en el entorno integrado por la familia extensa, donde los niños reciben el ejemplo constante de acciones positivas que transmiten valores esenciales. ¿Qué beneficios aporta esta educación a su presente y su futuro?

1. Acompañamiento

Un valor no se interioriza de manera inmediata. Requiere de tiempo, constancia y acompañamiento. Por ello, el entorno cercano proporciona este refuerzo en la vida cotidiana.

2. Motivación externa

El refuerzo positivo es uno de los factores que puede intervenir en la práctica de un valor. Aunque la realización de un valor relevante es un bien que tiene sentido por sí mismo, el reconocimiento externo es una caricia emocional. En consecuencia, alimenta la autoconfianza, la autoestima y el bienestar.

3. Un beneficio mutuo

La educación en valores en la familia mejora la convivencia en casa. Aporta un marco de seguridad para el crecimiento y desarrollo de los niños. Sin embargo, padres y madres también toman conciencia del papel que desempeñan y de la responsabilidad que asumen cuando educan por medio de su ejemplo personal.

4. Resiliencia y superación

Las familias pueden vivir y superar pequeñas o grandes dificultades en la rutina. ¿Pero cómo potenciar la resiliencia más allá de la colaboración y la ayuda mutua? Los valores alimentan de manera directa la transformación. Aportan un refugio de seguridad. Hay que señalar que principios como la responsabilidad o la coherencia potencian el crecimiento personal en adultos y niños.

5. Mejoran las relaciones personales con otras familias

Los valores aprendidos en la familia pueden trasladarse a otras relaciones personales. Y también unen a diferentes grupos. Por ejemplo, repercuten de un modo significativo en la comunidad educativa y en la convivencia escolar. La educación en valores, en definitiva, potencia el contacto con el humanismo desde la infancia.